Vivienda unifamiliar en la Moraleja I

Model
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La Moraleja, Madrid

Vivienda unifamiliar en la Moraleja I

Arquitectos:
Ignacio Vicens y Hualde
José Antonio Ramos Abengózar

Arquitecto colaborador:
Fernando Gil
Desireé González
Jesús Gómez
Roberto R. Paraja

Gestión de Obra:
Antonio Muñoz

Arquitecto técnico:
Ricardo Alberca

Fotografía:
Ricardo Santonja

En este caso el programa estaba perfectamente definido. Los clientes tenían clarísimo lo que querían. Es una familia joven con siete hijos a la que ya habíamos hecho una casa en la playa. Es decir, que nos conocemos desde hace tiempo.

Sabíamos cómo son y que deseaban una vivienda muy contenida, muy amable y sin alardes. Creemos que es la casa más familiar, más doméstica. Tiene una escala, en todos sus ámbitos, que la hace muy vivible, muy atractiva. Resulta extraordinariamente amable en cuanto a las disposiciones y tamaños de los espacios, sin exageraciones de ningún tipo. Quizás el éxito de la casa sea su escala. Vale la pena recorrerla, pasearla. Nada es excesivo. No hay gestos espectaculares.

Querían que fuera en una sola planta. Como el terreno está en pendiente, lo rebajamos con una fuerte explanación; así, de paso, la casa no se veía desde el exterior; pasaba inadvertida a pesar de su tamaño. Aprovechamos para proyectar ese patio de entrada, tan característico. Es uno de los pocos gestos potentes, que hasta puede parecer excesivo; pero se trata de una familia grande, con bastantes hijos y muchos vehículos y era importante que se pudieran aparcar dentro pero no a la vista.

La casa prescinde de las alineaciones de la calle y se diseña según las orientaciones convenientes y las buenas vistas. El esquema en cruz es clarísimo, casi elemental: un brazo para los padres, otro para los hijos, otro para zonas comunes y otro de servicio.

En el estar se diferencian las vistas de la ventilación, con un ventanal panorámico fijo. El porche es lateral. Así no interfiere en las vistas del estar. Flota en parte sobre el jardín, dominando el paisaje; tiene unas aperturas muy estudiadas para enmarcar vistas y permitir ventilaciones cruzadas que lo hacen especialmente grato y amable. También el pasillo de los hijos tiene un ventanal panorámico bajo, que permite la visión de un patio exterior.

Todo parece natural y fácil, pero nos llevó cantidad de tiempo y una dedicación enorme. Al final, todo es cuestión de trabajo y tiempo. Cuanto más le dedicas, mejor es el resultado. Una vivienda como ésta exige muchísimo tiempo, incluso en cuanto al trato con los clientes. Hay momentos en los que puede parecer que los intereses son encontrados. Y desde luego, las aproximaciones son diferentes, como es lógico. La nuestra es más disciplinar, la de ellos más de uso. Pero nunca debe haber enfrentamiento. Trabajamos en la misma dirección. Ellos y nosotros somos equipo, hemos unido nuestras fuerzas y conocimientos para conseguir la mejor obra posible. Por eso no puede haber caprichos por parte de nadie. Los caprichos son insulto a la inteligencia.

Eso no quiere decir que no prefiramos hacer obras en las que se pueda investigar más o proponer soluciones arriesgadas. Pero hay momentos para todo: para el manifiesto y para la normalidad. En este caso los clientes están felices y nosotros con ellos. Hemos llegado a acuerdos desde posturas a veces discrepantes. Por ejemplo, aquí utilizamos por primera vez el hormigón abujardado, para conseguir esa textura como de roca, más mineral. La idea de utilizar al interior el mismo hormigón de las fachadas nos resultaba muy atractiva y la defendimos al principio. Personalmente viviría feliz con eso, pero puedo entender que para una familia normal no es fácil. Y hay que saber adecuarse a cada circunstancia. También hay cosas en este proyecto que no queríamos, como el suelo de madera clara. Pretendíamos poner una oscura, como en la vivienda de Las Encinas. En la biblioteca se nota especialmente cómo chirría este suelo. Si hubiera sido de la misma madera que la estantería y el panelado estaría más logrado según nuestro criterio: dos tipos de madera en un mismo ambiente es algo que nos resulta sorprendente. Pero tampoco pasa nada ni se pueden hacer dramas de esto.

Después de terminar con el proyecto, después de todo el proceso, muchos de los clientes comentan que ya no son capaces de no vivir en arquitectura. Esto es un gran éxito.
Y luego está la cuestión de la decoración. Tengo claro que los arquitectos no somos ni debemos ser decoradores. La arquitectura es lo que permanece más allá de personalismos contingentes. Si hay posibilidad de orientar, fenomenal. En este caso sugerimos ideas a los clientes, que tenían muy claro lo que querían, algo hecho por ellos. En cualquier caso, es verdad que siempre intentamos entusiasmarles con el arte contemporáneo; por eso en nuestras obras es recurrente la presencia de artistas como Pagola, Ciria, Canet, Sicilia…

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