Villa en Sant’ Amanza

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Córcega, Italia

Villa en Sant’ Amanza

Arquitectos:
Ignacio Vicens y Hualde
José Antonio Ramos Abengózar

Arquitecto colaborador:
Fernando Gil
Desirée González
Romina Barbieri
María José Muñoz
Pablo Gutiérrez
Patricia de Elena
Tibor Martín

La Villa que proponemos en el Mediterráneo, está ya construida, ambientada, sentida, perfectamente integrada, late ya en nuestros corazones. Nuestra labor está en desenterrarla, hacer que se manifieste, ser conscientes de su existencia.

La mejor arquitectura es en la que mejor se vive y nos hace sentir, la que nos despierta nuestro mundo interior, la que nos transmite las fuerzas del lugar, escondidas en el tiempo hasta su manifestación.

Por tanto no vamos a presentar una villa para una parcela, vamos a proponer la Villa, aquella que podría estar en todas las parcelas, o tal vez, seguir escondida, no estando en ninguna.

Quien posea esta villa ya ha pasado por otras experiencias, aquellas briosas soluciones que buscan la perfección y la propia satisfacción llena de necesidades y complejidades. Ahora podemos ser directamente más poéticos, eludiendo tantos requisitos que ahogan la vida, y como la mejor poesía, será casi imperceptible, solamente ruge por dentro, dejando un agradable sentido de idoneidad.

Fijemos nuestros datos de partida, en apariencia objetivos.

Las construcciones pueden variar en sus metros construidos y eso no debe alterar el concepto.

Son todas de poca altura, muchas de ellas de una sola planta.

El paisaje es extraordinario y las posibles vistas prioritarias, también en el futuro con las villas edificadas.

Desde el inicio hemos visto claro que debemos construir con lo ya existente. Esas construcciones de muros de mampostería con las perforaciones necesarias. Camuflados entre montículos y árboles, permitiendo la vida dentro de sus sombras y frescor, con el sentido profundo de refugio, casi cueva, que nos introduce en la máxima sombra desde la que miramos la fuerte luz.

De la máxima sombra a la luz del Mediterráneo, relleno de vida al aire libre, y eso es realmente lo que rescatamos, la imagen del aire libre, la terraza protegida por toldos, cortinas y telas, que moviéndose por la suave brisa o quietos en perfecta geometría envuelven la estancia. Telas blancas reflejando sol y produciendo sombras, como ropa tendida, como barcos quietos, siempre anunciando la vida, una vida necesitada de horizonte.

Esta sería la marca de la villa, ese ilimitado baile de libertad en la naturaleza. Esa terraza entelada que se incorpora al paisaje expresando su intrínseco sentir, la señal de la vida. Podrían ser varias, todas las villas hablando, en una poesía ofrecida al mar, velas de tierra, saludos al aire, entorno para soñar y descansar.

En planta baja estaría todo el programa de la villa, camuflado en muros de piedra, con la singularidad del estar, construido como un gran porche acristalado a un patio limitado por la vegetación de cada parcela. El resto del programa envuelve este espacio. En planta primera o cubierta estará la terraza soleada mirando al horizonte, la piscina y el porche de los toldos.

Felices vacaciones.

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